Aprendiendo del coronavirus.

Aprendiendo del coronavirus.

12 de enero de 2021 0 Por volviendoalabiblia.org

“Cuando Jesús lo oyó, dijo: Esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por medio de ella” (Juan 11:4)

He aprendido que debemos confiar mas en el Señor. Las aflicciones vendrían y el coronavirus es una de estas aflicciones, pero Jesús nos habló de las aflicciones; por lo cual no he de sorprenderme, más bien, poner toda mi confianza en el.

“Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo” (Juan 16:33)

He aprendido que no debo poner mi mirada en las cosas de este mundo. Como todo ser humano, uno no espera enfermarse. Uno no espera ver la muerte tan real hasta que se acerca. Tratamos de protegernos para no contagiarnos, pero debemos recordar que, “aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día. Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria; no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas” (2 Corintios 4:16-18)

He aprendido a dar un poco mas de importancia a cuidar mi cuerpo. Creo que una de las cosas básicas que todos debemos de aprender, es en cuanto a ese cuidado que debemos dar al templo del Espíritu de Dios.

“El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas” (Hechos 17:24)

“¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?” (1 Corintios 6:19)

He aprendido que toda la creación da gloria a Dios; por tanto, yo también debo glorificarlo en todo aun en medio esta crisis del coronavirus.

Alabad a Jehová desde la tierra, los monstruos marinos y todos los abismos; el fuego y el granizo, la nieve y el vapor, el viento de tempestad que ejecuta su palabra; los montes y todos los collados, el árbol de fruto y todos los cedros; la bestia y todo animal, reptiles y volátiles; los reyes de la tierra y todos los pueblos, los príncipes y todos los jueces de la tierra; los jóvenes y también las doncellas, los ancianos y los niños. Alaben el nombre de Jehová, porque sólo su nombre es enaltecido. Su gloria es sobre tierra y cielos. Él ha exaltado el poderío de su pueblo; alábenle todos sus santos, los hijos de Israel, el pueblo a él cercano. Aleluya” (Salmos 148:7-14)

 “Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos.” (Salmos 19:1)

Hasta los niveles de contaminación a nivel mundial han bajado, y eso ha producido una caída de al menos un 25% en sus emisiones de dióxido de carbono, según cálculos de Lauri Myllyvirta, del Centro de Investigación en Energía y Aire Limpio (CREA), con sede en Estados Unidos. Y una reducción del 25% de las emisiones de China equivale a una reducción del 6% global.

He aprendido la unidad familiar. Las tantas ocupaciones y la tecnología nos habían hecho perder de vista la importancia de nuestros seres queridos, valorarlos y brindarles nuestro tiempo y cariño. Esta situación nos ha sensibilizado. Podemos instruir a nuestra familia en la palabra de Dios. Es un tiempo devocional pasar tiempo familiar con Dios. “Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y diligentemente las enseñarás a tus hijos, y hablarás de ellas cuando te sientes en tu casa y cuando andes por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes” (Deuteronomio 6:6, 7)

“Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él” (Proverbios 22:6)

He aprendido la importancia de congregarnos. Cuan difícil es el no estar junto a nuestros hermanos en Cristo. “Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón” (Hechos 2:46)

He aprendido a depender más del Señor, siendo agradecido por lo que el permite en nuestras vidas. Refugiados en su palabra en adoración a el. Porque él dice: “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer” (Juan 15:5)

Y tú, ¿Qué has aprendido?

Luis Alberto Feliz Pache

Evangelista.