Alabado sea Dios por sus obras (Efesios 1:3-6)

Alabado sea Dios por sus obras (Efesios 1:3-6)

19 de enero de 2021 1 Por volviendoalabiblia.org

Para sacar mejor provecho del libro de Efesios, debemos entender el concepto de la iglesia como el cuerpo de Cristo. La revelación de que los redimidos son el cuerpo del Señor en este mundo es la clave esencial para entender este gran libro.

Como saben, Dios utiliza muchas metáforas para describir a su pueblo. Nos llama esposa, familia, casa, reino, rebaño, pámpanos y edificio. En Efesios, Pablo introduce la idea de que la iglesia también es un cuerpo.

Este término describe más completamente de qué se trata la iglesia. La palabra cuerpo trae a la mente imágenes de unidad, diversidad y dependencia mutua. En nuestro cuerpo humano, cada músculo, cada hueso, cada nervio y cada fibra es esencial para el buen funcionamiento del cuerpo. Lo mismo es cierto en el cuerpo de Cristo.

Pablo dice en 1 Corintios 12:18, “Mas ahora Dios ha colocado los miembros cada uno de ellos en el cuerpo, como él quiso”. En los versículos 7-11 de ese mismo pasaje, Pablo nos recuerda que a cada uno se nos ha asignado una tarea única dentro del cuerpo de Cristo; un área específica de servicio. Así como su cuerpo humano le permite manifestarse al mundo que lo rodea, el cuerpo de Cristo, cuando funciona como Él lo diseñó, permite a Jesús manifestarse al mundo.

Nuestros cuerpos humanos reciben dirección de la cabeza. El cerebro le dice al resto del cuerpo qué hacer y cómo hacer lo que se le ordena. Lo mismo es cierto con el cuerpo de Cristo. Jesús, la cabeza del cuerpo, dirige el cuerpo para llevar a cabo su voluntad en el mundo. Cuando el cuerpo de Cristo está haciendo lo que Él diseñó para hacer, literalmente le permite a Jesús levantarse y caminar en el mundo.

Esta imagen de la iglesia como el cuerpo de Cristo se desarrolla en el libro de Efesios. Observe los siguientes versículos:

  • “y sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo” (Efesios 1:22-23)
  • “aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz, y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades” (Efesios 2:15-16)
  • “que los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo, y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio” (Efesios 3:6)
  • “de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor” (Efesios 4:16)
  • “porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos” (Efesios 5:30)

Entonces, somos su cuerpo. Él vive, camina y trabaja a través de nosotros para cumplir su voluntad en el mundo de hoy. Cuando vivimos a nuestro máximo potencial en Jesús, Él es visto en el mundo y las almas se sienten atraídas por Él (cfr. Juan 12:32).

La mayoría de las veces, cuando Pablo escribe sobre el cuerpo, lo hace desde la perspectiva del aquí y ahora. Él quiere que sepamos quiénes somos y cómo debemos estar funcionando en el mundo de hoy. En estos versículos, Pablo nos lleva de regreso a la eternidad pasada. Tiene la intención de enseñarnos cómo Dios planeó la iglesia antes de que el mundo comenzara.

Los versículos 3-14 del capítulo 1 de Efesios, son una oración larga y continua en griego. En el idioma original, es una oración de unas 202 palabras. En estos versículos, Pablo comenzó alabando al Señor por su gracia en la salvación, y simplemente siguió ascendiendo a las alturas de las riquezas y glorias de la gracia de Dios. Esta oración está literalmente cargada de verdad teológica. Podríamos estudiar estos versículos por toda la vida y nunca extraer todas las pepitas de la verdad que están enterradas aquí. Tal como están las cosas, pasaremos varios capítulos tratando de obtener una comprensión básica de estas verdades eternas y gloriosas. No tengo la intención de tener prisa. ¡Espero que usted tampoco!

Estos versículos nos llevan al pasado de la eternidad y revelan cómo el Señor diseñó su iglesia antes de que el mundo comenzara. Nos enseñan sobre el propósito eterno de Dios en la salvación. Estos versículos nos recuerdan una verdad esencial, enorme e importante. Nos recuerdan que, los santos, no son una idea de último momento. No son solo algunas personas que tuvieron el buen sentido de llamar a Jesús un día para salvación. ¡Estos versículos nos enseñan que, los santos han estado en el corazón de Dios por mucho tiempo! ¡Estos versículos nos enseñan que los santos son importantes para Él!

Mucha gente busca autoestima en el mundo. Siempre están buscando alguna forma de ver que su vida tenga sentido. Entonces, algunas personas recurren a libros y seminarios tratando de descubrir cómo ser alguien. Otros se unen a personas que ya son alguien, y así ellos también puedan ser alguien. Otros siguen la vida de personas que creen que son alguien, con la esperanza de que puedan ser alguien porque viven indirectamente a través de alguien que ya es alguien en su opinión. Otros vuelven a su genealogía para encontrar antepasados que fueron alguien para poder creer que son alguien porque están relacionados con alguien que fue alguien en algún momento. Otros buscan autoestima en la religión. Trabajan en su iglesia y hacen todo tipo de cosas con la esperanza de que alguien se dé cuenta y les dé palmaditas en la espalda y les dé elogios por todo lo que hacen.

Sin embargo, usted debe saber que nunca encontrará su autoestima jugando pequeños juegos mentales como esos. Si quiere encontrar autoestima, no busque más allá de su posición en Jesucristo. Cuando llegue a comprender que ahora es parte de los elegidos en Jesucristo, desde antes de la fundación del mundo, esa comprensión hará mucho por su autoestima y su valor propio.

¡Piénsalo! ¡Si usted es salvo, Dios le añadió a los que él aprobó antes de la fundación del mundo! Puso su nombre en el libro de la vida del Cordero. ¡Ahora es de los elegidos! Si no lo entiende, o no sabe cómo eso es posible, no importa, solo alégrese de que es verdad. Por la gracia de Dios ahora es de los elegidos, y eso le hace alguien.

Eso me lleva al texto por el que quiero comenzar a avanzar hoy. Mientras estudiamos los versículos 3-14, vamos a estudiar un himno de alabanza. En los versículos 3-6, Pablo alaba a Dios por su obra soberana en su elección. En los versículos 7-11, alaba a Dios por su obra salvadora en la redención. En los versículos 12-14, él alaba a Dios por su trabajo compartido al darnos una herencia en Jesús.

Comencemos a ver los versículos que hemos leído como nuestro texto hoy. Estaremos aquí por varios capítulos de este libro, así que acomódese, tome su Biblia y permita que el Señor le enseñe su verdad.

En estos tres versículos, Pablo nos lleva, como dije antes, a la eternidad pasada. Él nos permite presenciar la obra soberana de Dios cuando hizo sus planes para salvar el cuerpo de Cristo. Entonces, Pablo abre este himno de alabanza, precisamente por la obra soberana de Dios. ¡Quiero que vea las razones que nos dan estos versículos para alabar al Dios que nos eligió en Jesús antes de que existiéramos!

ALABEMOS A DIOS POR SU CARIDAD.

Pablo dice, “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo” (Efesios 1:3). Este verso nos habla de las bendiciones que disfrutamos como hijos de Dios. El hecho es que, somos mucho más ricos en Jesucristo de lo que podemos entender. Jesús no lo gastó todo, sino que lo pagó todo. ¡Él lo pagó todo y nos lo dejó todo a nosotros! Jesús nos ha dado un increíble tesoro de riquezas espirituales que es nuestro para extraer a medida que pasamos por este mundo. Este versículo nos presenta esa riqueza y nos muestra por qué nuestro Dios soberano es digno de ser alabado.

La fuente de estas bendiciones. Pablo dice que la fuente de nuestra bendición se identifica como “Dios”. El apóstol dice: “Bendito sea Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo”. La palabra “bendito” significa “hablar bien o a favor de” alguien o algo. Obtenemos nuestra palabra “elogio” de ella. Si alguna vez ha escuchado un elogio en un funeral, ha escuchado un momento en que alguien trató de hablar bien sobre otra persona. En el texto griego, leemos, “ευλογητος” (eulogetos), es decir, “bendito”. Pablo está diciendo algo acerca de Dios con este adjetivo.

Pablo dice: “¡Dios es bueno!” ¡Qué cierto es eso! El es un buen Dios. En Génesis 14:20, Melquisedec dice: “bendito sea el Dios Altísimo”.  En Apocalipsis 5:13, dice: “a todo lo creado que está en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de la tierra, y en el mar, y a todas las cosas que en ellos hay, oí decir: Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos”. Entonces, desde Génesis hasta Apocalipsis, Dios es llamado, “bendito”.

Nos gusta decir que Dios es bueno cuando las cosas van por buen camino. Permíteme recordarle que Él sigue siendo el mismo Señor cuando las cosas parecen estar en su contra como lo está cuando está disfrutando de lo mejor que la vida puede ofrecer. Dios no solo es “bendito”, sino también nos dice que él es el “el que bendice”. En otras palabras, Pablo responde a la pregunta, ¿Quién ha bendecido? Todas las bendiciones que disfrutamos en esta vida nos llegan de la mano del Dios Altísimo (cfr. Santiago 1:17). Incluso cuando pensamos que las cosas están mal, Dios tiene una manera de usarlas para nuestro bien (cfr. Romanos 8:28). Dios es bueno y demuestra esa bondad a sus hijos siendo bueno con ellos. ¡Él es bendecido y es el que bendice!

Cuando Pablo dice: “bendito sea Dios”, está alabando a Dios por las bendiciones que le da a sus hijos. ¡Esto solo nos recuerda que nuestro Dios es digno de alabanza todo el tiempo!

Piense en esto, la mayoría de las cosas que hacemos en nuestra fe, las hacemos porque se nos ha ordenado que las hagamos. Asistimos a la adoración, ofrendamos, damos testimonio, oramos; todo como actos de obediencia. Pero, cuando nos tomamos el tiempo de abrir la boca para alabar al Señor, le estamos dando y ofreciendo nuestro amor.

Hay muy pocas cosas que pueden ofrecerle al Señor que lo alabe por su bondad en nuestras vidas, pero todos podemos alabarlo por sus bendiciones y su gracia en nuestras vidas. Nuestras palabras son sacrificios que agradan al Señor (cfr. Hebreos 13:15).

En el Antiguo Testamento tenían lo que se conocía como una “ofrenda voluntaria” (cfr. Éxodo 35:29). Esta fue una ofrenda dada al Señor por alguien solo porque lo amaba. Traerían su sacrificio al Señor y lo ofrecerían libremente porque se conmovieron con un amor abrumador por el Dios de su salvación. ¡Ese mismo tipo de ofrenda todavía está vigente hoy! Es una ofrenda que Él aceptará (cfr. Salmo 119:108). En el Salmo 119:108, dice, “Te ruego, oh Jehová, que te sean agradables los sacrificios voluntarios de mi boca, y me enseñes tus juicios”.

El objeto de estas bendiciones: Pablo dice que Dios “nos bendijo”. El pronombre incluye a Pablo como a los “santos” y “los fieles” que mencionó en el versículo 1. En otras palabras, los destinatarios de las bendiciones de Dios son aquellos que ha salvado por su gracia.

Nuestras bendiciones para Él son las palabras que decimos. Sus bendiciones para nosotros son las obras que realiza en nuestras vidas. Cuando Pablo dice que Dios “nos bendijo”, es el mismo vocablo que se usa sobre Él. En otras palabras, Dios tiene buenos pensamientos hacia su pueblo (cfr. Jeremías 29:11). El tiempo del verbo aquí sugiere que Dios siempre está teniendo buenos pensamientos hacia sus hijos. Estos buenos pensamientos se traducen en buenas obras en nuestras vidas.

Entonces, porque somos suyos y porque nos ama, derrama bendiciones en nuestras vidas. Es increíble cuando nos detenemos a pensarlo. Debido a que Dios nos ha salvado, Él elige bendecirnos también para su gloria.

Sorprende pensar en todos los santos de Dios que han sido bendecidos. Él nos amó, nos escogió para ser santos en Cristo y nos otorga toda buena dádiva. Nos bendice de maneras mucho más grandes de lo que podemos imaginar. ¡Piense en quiénes somos y en todo lo que ha hecho por nosotros en Jesucristo! El lo hizo todo. Él nos lo proporcionó todo. ¡Y aún así nos bendice en Jesús! Nos bendice de formas mucho más grandes de lo que merecemos. ¡Es tan bueno con nosotros y somos absolutamente indignos! ¡Debemos alabarlo por su maravillosa gracia, dones y bendiciones!

El grado de estas bendiciones. El apóstol Pablo habla de “toda bendición espiritual”. La palabra “toda” significa total, absolutamente de todo tipo. En otras palabras, Dios nos ha bendecido con todas las bendiciones espirituales que él tuvo en mente para sus hijos. Se nos ha dado todo lo que Dios tiene para ofrecer. Cuando llegamos a la fe en Jesús, Dios abrió las puertas del tesoro del cielo y nos autorizó a recibir recursos espirituales ilimitados.

Los redimidos tienen a su disposición toda la riqueza espiritual del cielo. Dios nos ha bendecido por encima de todo lo que merecemos. Algunas personas con una mentalidad carismática aparecerán y preguntarán: “¿Has recibido la segunda bendición?” A ellos siempre digo, “y no solo la segunda, sino también la tercera, la cuarta, la quinta… en fin, ¡todas!” ¡Las bendiciones de Dios en nuestras vidas no conocen límites! Él simplemente sigue bendiciendo y bendiciendo y bendiciendo, dándonos amor, alegría, paz, gracia, misericordia, gloria y esperanza, ¡y muchas otras bendiciones más! ¡Gracias a Dios por sus bendiciones ilimitadas en nuestras vidas!

La naturaleza de estas bendiciones. Pablo nos dice que hemos sido bendecidos con “toda bendición espiritual”. La palabra “espiritual” traduce el griego, “pneumatikos”. En el Nuevo Testamento, este término siempre se usa para referirse a la palabra y obra del Espíritu Santo. Entonces, este versículo dice que Dios nos ha dado todo lo que el Espíritu de Dios puede entregarnos. Todo lo que pudiéramos necesitar o desear nos ha sido dispensado a través del trabajo del Espíritu de Dios en nuestras vidas. Estas joyas espirituales han sido reveladas por él en las Escrituras. ¡Somos ricos en recursos espirituales y ni siquiera nos damos cuenta!

En 2 Pedro 1:3, dice: “como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia”. En Filipenses 1:19, Pablo llama a lo que poseemos en Cristo, “la suministración del Espíritu de Jesucristo”. ¡Somos ricos en todas las bendiciones espirituales!

Lamentablemente, no siempre nos apropiamos de lo que tenemos en Jesús. De hecho, pasamos mucho tiempo pidiendo cosas que Él ya nos ha dado. Oramos por amor, cuando Dios dice que “el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado” (Romanos 5:5). Oramos por la paz, cuando Jesús ya ha dicho: “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo” (Juan 14:27). Oramos por gozo, cuando la Biblia nos dice claramente que tenemos “gozo inefable y glorioso” (1 Pedro 1:8). Gálatas 5:22 nos dice que estas cosas son “fruto del Espíritu” en nuestras vidas. Por su guía, producirá estas cosas a medida que permanezcamos en Cristo. Nos preocupamos por nuestras necesidades cuando el Señor ya ha prometido satisfacerlas. Él dijo que “suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús” (Filipenses 4:19). Buscamos su presencia cuando ha dicho: “No te desampararé, ni te dejaré” (Hebreos 13:5).

Creemos que necesitamos muchas cosas que no tenemos. En verdad, poseemos grandes riquezas que nunca hemos aprovechado. Que el Señor nos ayude a simplemente verlo en su palabra y aferrarnos a las bendiciones espirituales que ya poseemos en Jesús.

Nuestros recursos materiales son limitados. Independientemente de cuánto pueda tener materialmente, no puede tenerlo todo. Cada uno de nosotros podría llegar al final de nuestros recursos financieros y materiales algún día. Durante estos tiempos financieros oscuros, cuando los fondos son limitados, tenemos que usar sabiamente lo que tenemos. Si no lo hacemos, desaparecerá rápidamente. Sin embargo, en Jesucristo, los santos de Dios, tenemos más de lo que podríamos gastar en mil vidas. No tenemos que ser frívolos con sus bendiciones, pero debemos usar todo lo que podamos mientras estamos aquí para su gloria.

El almacén de estas bendiciones. Pablo dice que nuestras bendiciones provienen, y así, se encuentran “en lugares celestiales”. Por textos paralelos, podemos concluir que esta expresión tiene un sentido local. Por ejemplo, en el verso 20, aquí de Efesios 1, dice, “la cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales”. Como vemos, la frase “lugares celestiales” tiene un sentido local. Esto nos enseña que, tanto nuestras bendiciones en Cristo, como todo lo que nos interesa, todo está en el cielo. Estamos pasando por este mundo, pero ya no pertenecemos aquí. Nuestros corazones ya no están aquí. Nuestros deseos ya no están aquí. Nuestras acciones ya no son las acciones de este mundo. Somos literalmente personas que vivimos físicamente en este mundo, pero espiritualmente estamos en el cielo. Allí es donde deben estar puestos nuestros ojos. Es allí donde están las coas que debemos buscar, como dice, Pablo, “Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra” (Colosenses 3:1, 2). Vivimos en la tierra, pero tenemos comunión con Dios en el reino espiritual. Somos “extranjeros y peregrinos” (1 Pedro 2:11) en este mundo, pero anhelamos aquél. Nuestras mansiones están ahí. Nuestro Dios y nuestro Salvador están ahí.

Entonces, vivimos en este mundo y anhelamos aquél mundo. Es por eso que Pablo pudo decir: “como entristecidos, mas siempre gozosos; como pobres, mas enriqueciendo a muchos; como no teniendo nada, mas poseyéndolo todo” (2 Corintios 6:10). Y aunque “estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos” (2 Corintios 4:8-9).

Pablo entendió lo que a menudo olvidamos. Él entendió que, en Jesús, somos ricos más allá de lo creíble. Simplemente necesitamos apropiarnos de las cosas que se nos han dado en Jesús y usarlas para la gloria de Dios.

Puedo leer la Biblia y ver lo que tengo en Jesús. Puedo leerlo y entender todo lo que tengo “en los lugares celestiales”, pero mi problema es conseguir esas cosas aquí donde las necesito. La forma en que traemos esas bendiciones a nuestras vidas es simplemente cediendo el control de nuestras vidas al Espíritu de Dios. Al permitir que el Espíritu de Dios nos guíe y nos use, Él produce todas las bendiciones espirituales del cielo en nuestras almas (cfr. Gálatas 5:16, 22-23). ¡Somos ricos en Jesús al aferrarnos a esas riquezas mientras caminamos en el poder del Espíritu de Dios!

La razón de estas bendiciones. ¿Por qué Dios ha dado bendiciones tan grandes y maravillosas a personas como usted y como yo? Lo hace solo porque, como dice nuestro texto, estamos “en Cristo”. Cuando una persona obedece a la fe en Jesucristo, esa persona entra en una maravillosa unión con el Señor (1 Corintios 6:17).

Cuando conocimos a Jesús, nos convertimos en uno con Jesús. Como resultado, todo lo que le pertenece a Él ahora nos pertenece a nosotros. Romanos 8:16-17, dice: “El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados”.

¡Piénsalo! Estamos “en Cristo”. Eso significa que, dónde está Él, nosotros estamos. Filipenses 2:6, dice: “el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse”. Lo que Él hace, nosotros hacemos (1 Juan 2:6). Lo que Él posee, nosotros lo poseemos (Romanos 8:17). Sus privilegios son nuestros privilegios (Efesios 2:18).

Todo lo que Jesús tiene, los santos redimidos de Dios lo tienen. No lo tenemos porque lo merecemos, sino que se nos han dado estas cosas debido a su obra en nuestros corazones y vidas. Hemos sido traídos a una comunión tan cercana con Jesús que Él comparte todo lo que tiene con nosotros. No lo merecemos. No lo ganamos. ¡Todo fue entregado como un regalo gratuito de su gracia!

CONCLUSIÓN.

Tal vez todo esto sea demasiada información, pero todo nos recuerda cuán verdaderamente bendecidos somos en Cristo. Si está en Cristo hoy, usted posee todas las bendiciones espirituales en Él. Si esa es su condición hoy, debe presentarse ante Él y agradecerle lo que le ha dado. Cuando venga ante Él, también debe pedirle que le ayude a caminar lo que haga falta, para que pueda usar generosamente todo lo que Él le ha dado. Entonces, debe levantarse y salir al mundo viviendo su voluntad y caminando en sus caminos.

Si usted no está en Cristo hoy, y Él le está llamando a venir a Él por medio del evangelio, debe obedecer ese llamado y venir a Jesucristo para salvación. No puedo prometerle que no tendrá problemas, pero puedo prometerle que disfrutará de riquezas espirituales más allá de toda descripción. ¡Venga a él hoy!

Lorenzo Luévano Salas

Evangelista.