¿Qué debo hacer para ser salvo?

¿Qué debo hacer para ser salvo?

25 de enero de 2021 0 Por volviendoalabiblia.org

Una Gran Pregunta.

“¿Qué Debo hacer para ser salvo?” Si acaso hay una pregunta que todo ser humano se debe hacer, es esta. Sin exagerar, sí es cuestión de vida o muerte, esto es, vida o muerte espiritual. En el libro de “Los Hechos” se encuentra esta misma pregunta que fue hecha cuando menos, tres veces. Primero aparece en Hechos 2:23, luego en 22:10 y también en 16:30. Se hace esta pregunta en diferentes ocasiones y por diferentes personas. En cada caso de estos tres, las personas obedecieron al evangelio y lo hicieron de inmediato. Realmente, de nada aprovecha el hacer la pregunta, recibir la respuesta, y quedarse con los brazos cruzados. El Señor encargó a los apóstoles el predicar el evangelio por todo el mundo. Ellos predicaron las buenas nuevas de salvación al decir, “el que creyere y fuere bautizado, será salvo”. Dentro del evangelio está la respuesta y es sencilla. El qué hacer para ser salvo es la gran revelación que hace el evangelio a toda persona. El evangelio es “el poder de Dios para la salvación de todo aquel que cree …” (Romanos 1:16).

La Pregunta Analizada.

Después de haberles acusado de la crucifixión del Señor Jesús, los judíos mencionados en Hechos dos preguntaron a Pedro y a los demás apóstoles, “¿Qué haremos?” (Hechos 2:36, 37). Pablo, (entonces conocido como Saulo de Tarso) después de haber oído la voz del Señor que le decía, “Saulo, Saulo, ¿Por qué me persigues?” pregunta, “¿Qué debo hacer Señor?” Y la otra pregunta es la que hizo el carcelero de Filipos registrada en Hechos 16:30, “¿Qué debo hacer para ser salvo?” Es el formato de esta pregunta que pasamos a analizar: “Qué” es el inicio de la pregunta implicando que hay algo requerido por Dios. Claro, hay condiciones que debo cumplir. “Debo” es esa palabra que no deja alternativa. Para ser salvo solo hay una respuesta y no es opcional, es un deber, una necesidad el hacerlo. “Hacer” es una palabra de acción, si quiero ser salvo, “yo” necesito “hacer”, esto es, obedecer a Dios exactamente como ha instruido. Dios ha hecho su parte, ¿haré yo la mía? “Para ser salvo” es el objetivo que se busca. La pregunta se ha hecho con el propósito de saber lo que Dios quiere de mí con el fin de salvar mi alma.

La Pregunta de Hechos 2:37.

Habiendo oído el sermón de Pedro, los judíos responsables por la cruz de Cristo preguntaron, “¿Qué haremos?” Al decir esto, afirmaban que eran culpables y que deseaban el perdón de sus pecados. Sabían, por la explicación de Pedro que el único que les puede perdonar y darles vida es Jesús a quien habían crucificado. Pensaban que habían hecho lo correcto al crucificar a un hombre acusado de blasfemia al hacerse pasar por el Hijo de Dios.  Pero, Pedro les presenta suficientes pruebas, concluyendo así que Jesús es “Señor y Cristo” (2:33- 36). Ellos creyeron esta gran verdad. Como respuesta, Pedro les dice, “Arrepentíos y sed bautizados cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo” (2:38). ¿Qué hicieron para el perdón de sus pecados? Creyeron que Jesús es Señor y Cristo. Esto es, creyeron que Jesús es Dios, el único que ofrece perdón y vida eterna. Se arrepintieron de sus pecados al oír la predicación de Pedro. Cumplieron con esta condición de la predicación del evangelio (Lucas 24:47). Y, se bautizaron (Hechos 2:41). De toda la multitud de oyentes, algunos recibieron la palabra, y “con gusto” (unas versiones esto agregan) “fueron bautizados; y se añadieron (a la iglesia) aquel día como tres mil almas” (2:41). El mandamiento no cambia para nuestros días. Dios nos habla hoy a través de su Hijo, Jesucristo (Hebreos 1:2), y Él nos dice, “el que creyere y fuere bautizado será salvo” (Marcos 16:16).

La Pregunta de Hechos 22:10; 9:6.

Saulo aparece por primera vez cuando es relacionado con la muerte de Esteban, por Lucas.  Es evidente que tomó una parte activa en su muerte. Lucas dice en Hechos 7:58, “Y echándolo fuera de la ciudad, comenzaron a apedrearle; y los testigos pusieron sus mantos a los pies de un joven llamado Saulo”. En este tiempo fue muy militante en contra de Cristo, de cristianos y de la iglesia. Lucas sigue diciendo, “Pero Saulo hacía estragos en la iglesia entrando de casa en casa, y arrastrando a hombres y mujeres, los echaba en la cárcel” (8:3). Pero, resultó que, al ocuparse en esta persecución, en camino a Damasco y cerca de esta ciudad, se le aparece el Señor quien le dice, “Yo soy Jesús a quien tú persigues, levántate, entra en la ciudad y se te dirá lo que debes hacer” (9:1-6). En 22:10, pregunta, “¿Qué debo hacer Señor? Y el Señor me dijo: Levántate y entra a Damasco; allí se te dirá todo lo que se ha ordenado que hagas”. Tiempo después, al relatar su conversión ante Agripa, Pablo dice que no fue desobediente a la visión celestial (24:19). El obedeció las instrucciones del Señor. De la mano lo llevaron a Damasco (por el resplandor había quedado ciego), llegó a casa de Judas que vivía en la calle llamada, “Derecha”. Allí lo encontró Ananías, un discípulo enviado por Cristo. Hasta este momento, no se le ha dicho lo que debía hacer para ser salvo. Ananías lo encontró orando. Pero, no fue la oración lo que le salvó sino su obediencia a las instrucciones del Señor. Saulo fue obediente a la visión celestial. Creyó en Jesucristo. El hecho de haber orado y ayunado por tres días habla de su arrepentimiento. Ahora, lo que debe hacer es ser bautizado. Por insistencia de Ananías quien le dice, “Y ahora, ¿Por qué te detienes? Levántate y sé bautizado; y lava tus pecados invocando su nombre” (22:16). Antes de este momento, él todavía estaba en pecado y aún no era salvo.

La Pregunta de Hechos 16:30.

Debido a un incidente en la ciudad de Filipos, Pablo y Silas son encarcelados. Les acusaron de alborotar la ciudad entre otras cosas, y sin darles tiempo a defenderse, los azotan con varas y los encarcelan en el calabozo interior y ponen sus pies en el cepo (16:23,24). El relato dice así, “Como a medianoche, Pablo y Silas oraban y cantaban himnos a Dios, y los presos los escuchaban. De repente se produjo un gran terremoto, de tal manera que los cimientos de la cárcel fueron sacudidos; al instante se abrieron todas las puertas y las cadenas de todos se soltaron” (16:25,26). El carcelero, al ver que todas las puertas se habían abierto y las cadenas de todos los presos se habían soltado, intentó matarse. Pensaba que los presos se habían escapado. Si esto hubiera sucedido, el castigo para él hubiera sido peor que su muerte. Entendemos su reacción. Pero, oye la voz de Pablo que le dice que todos los presos están presentes. Reconociendo que todo esto era obra milagrosa de Dios, es movido a preguntarles: “Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo?” (16:30).

¡Qué pregunta tan necesaria para el ser humano!

¿Qué le motivó el preguntar acerca de la salvación? Recordemos que había tomado su espada y estaba a punto de morir. Obviamente, había oído algo de la predicación de Pablo y de Silas y ahora necesitaba oír la respuesta apropiada. Se encuentra sin Dios y sin esperanza, derrotado. Él sabe que Pablo y Silas son hombres de Dios, y tienen la respuesta. Como respuesta, “Ellos respondieron: Cree en el Señor Jesús, y serás salvo, tú y tu casa. Y le hablaron la palabra del Señor a él y a todos los que estaban en su casa. Y él los tomó en aquella misma hora de la noche, y les lavó las heridas; enseguida fue bautizado, él y todos los suyos (16:31- 33). No se le dice que se arrepienta porque ya había mostrado su arrepentimiento al traerlos a su casa y lavarles sus heridas. Pablo y Silas le dicen que será salvo él y toda su casa. Y así fue, pues, él y todos los suyos fueron bautizados después de que “le hablaron la palabra del Señor a él y a todos los que estaban en su casa” (16:32, 33).

La Respuesta.

En cada caso, la respuesta es la misma. La respuesta está en completo acuerdo con el encargo del Señor a sus apóstoles, conocido por, “La Gran Comisión” que dice así: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que crea y sea bautizado será salvo; pero el que no crea será condenado” (Marcos 16:15,16).

La Obediencia.

La pregunta ha sido ya analizada y contestada y espero que también haya sido puesta bajo consideración y meditación. En cada uno de estos casos de conversión, los judíos de Hechos dos, Saulo de Tarso, y el carcelero al hacer la pregunta, no contemplaron la respuesta por mucho tiempo. Salvar nuestra alma es asunto urgente. Las Escrituras dicen que el carcelero obedeció “en seguida” o “inmediatamente” (16:33). Es tiempo ahora de actuar, de obedecer al llamado de Dios. Al conocer la respuesta que es según las Escrituras, ¿no se siente usted bajo la responsabilidad de responder? Usted tiene la opción de rechazar o de aceptar el llamado de Dios. Si obedece, Dios promete bendición sobre bendición sobre su alma, pero si desobedece, no queda esperanza de salvación alguna.       

El Plan Divino De Salvación:

  • Oír el Evangelio de Cristo – Romanos 10:14; 10:17.
  • Creer que Jesucristo es el Hijo de Dios – Marcos 16:16; Juan 8:24.
  • Arrepentirse de los pecados – Lucas 13:3; Hechos 2:38.
  • Confesar ante los hombres que Cristo es el Hijo de Dios – Mateo 10:32; Romanos 10:10.
  • Ser Bautizado (Sumergido) en agua para el perdón de pecados – Gálatas 3:27; 1 Pedro 3:21; Hechos 22:16.
  • Perseverar Fieles En Cristo – Apocalipsis 2:10; 2 Pedro 1:10; 3:18.

No se engañe al seguir otro evangelio. Obedezca el Plan Divino de Salvación.

Jorge Luis Maldonado.

Maestro de la iglesia de Cristo en New Braunfels.