En El Cielo Estaremos Con El Señor

En El Cielo Estaremos Con El Señor

1 de febrero de 2021 0 Por volviendoalabiblia.org

1 Tes.4:15-17 se nos dice: “Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor”.

El texto finaliza diciendo: “…Y así estaremos siempre con el Señor”. ¿Cómo es que estaremos con el Señor en los cielos? ¿Qué estaremos haciendo en los cielos? ¿Nos reconoceremos los unos con los otros en el cielo?

Estas y otras preguntas están en la mente del hombre, y el razonamiento de algunos ha llegado a formar diversas ideas que es ajena a lo que realmente las Escrituras presentan. La intención en este artículo es poder analizar brevemente algunos pasajes de las Escrituras que nos permitirá tener una visión mas acertada en como estaremos en el cielo.

¿Cómo Es Que Estaremos Con El Señor En Los Cielos?

Este cuerpo presente no tiene cabida en los cielos. La materia no tiene lugar en aquella dimensión espiritual en la que estaremos. Esto mismo es lo que nos dice 1 Cor.15:50: “Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción”.

1 Cor.15:44,51-54 claramente nos presenta la enseñanza de que nuestros cuerpos materiales serán transformados en cuerpos espirituales. No podemos dimensionar del todo como es que estos cuerpos serán, pero, 1 Jn.3:2 nos da luz diciendo que “cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es”.

Cuando estemos en la gloria de Dios, nuestros cuerpos serán cuerpos transformados para tener la misma gloria de aquellos seres celestiales. Seremos glorificados juntamente con Cristo (Rom.8:17).

Seremos seres eternos, disfrutando de la “vida eterna” prometida. Por lo tanto la muerte no tendrá potestad alguna en los cielos (Lc.20:36; Apc.21:4). La vida eterna prometida es la posesión que vamos adquirir debido a la fidelidad y servicio en nuestra vida cristiana (Mt.19:29; Mr.10:30; etc.).

¿Qué Estaremos Haciendo En Los Cielos?

No se puede dar una respuesta completa a esta pregunta, pues, no tenemos mayores detalles. Pero lo que podemos encontrar en las Escrituras es suficiente para darnos el ánimo que necesitamos para anhelar aquellas moradas celestiales mientras vivamos en esta tierra.

Pensar en esta vida es pensar mas en tristezas que en alegrías en muchos casos. ¡El dolor es parte de esta existencia presente!. Sin embargo, unas de las delicias Escriturales es que tenemos la promesa de que aquello que causa dolor, ya no existirá. La “felicidad” y el “gozo” anhelado y esperado por los hijos de Dios será una realidad eterna en los cielos.

Apc.21:4 dice: “Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá mas llanto, ni clamor, ni dolor, porque las primeras cosas pasaron”. Por lo tanto, una de las cosas que estaremos haciendo en los cielos es el disfrutar de la verdadera felicidad y gozo en toda su plenitud porque estaremos disfrutando del “gozo de nuestro Señor” (Mat.25:21-23). ¡Qué maravilloso!

Otra de las cosas que estaremos haciendo es “descansar”. Este descaso es un descanso desconocido para nosotros. Porque es el descanso de todo trabajo que esta vida nos a demandado (Apc.14:13; Heb.4:8- 11).

Estaremos sirviendo al Señor con gozo viendo su rostro (Apc.22:3-4).

Estaremos reinando con el Señor por los “siglos de los siglos” (2 Tim.2:12; Apc.22:5).

No cabe dudas de que el cielo es un lugar extraordinario. No hay lugar en la tierra que se asemeje a lo maravilloso que será estar en ese lugar. Humanamente no podemos dimensionar de lo sorprendente que será el estar reverenciando, honrando y alabando a nuestro Señor.

¿Nos Reconoceremos Los Unos Con Los Otros En El Cielo?

Esta pregunta a sido respondida mas por especulación y sensación que por lo que podemos inferir por medio de lo que las Escrituras declara.

No cabe dudas de que Dios es el administrador de todo lo que en el cielo ocurrirá. Dimensionar del todo lo que en el cielo sucederá, no es algo que se pueda responder. Pues, decir otra cosa es “pensar mas allá de lo que está escrito” (1 Cor.4:6).

Es claro que nuestros cuerpos espirituales no van a lucir de la misma manera que el cuerpo terrenal. Esto a servido para que algunos lleguen a la conclusión de que no nos reconoceremos. Siguen afirmando que al reconocernos sentiremos dolor en el cielo, pues, nos daremos cuenta que algunos de nuestros seres queridos no estarán allí.

El hecho de que nos reconozcamos no significa que tendremos el mismo vínculo sentimental como la que tenemos aquí en la tierra. El apego que tenemos hacia nuestros seres amados aquí, es claro que no existirá en el cielo (Mat.22:30).

Llevando una línea de lo que estamos aquí tratando, en primer lugar las Escrituras nos declara que nuestros “nombres están escritos en los cielos” (Luc.10:20). Así como los nombres de los 70 discípulos enviados por Jesús están inscriptos en los cielos, de igual modo lo están todos aquellos quienes se conducen en servir y hacer la voluntad de Dios (Apc.3:5).

Apc.3:5 es interesante lo que nos declara, pues dice: “El que venciere será vestido de vestiduras blancas; y no borraré su nombre del libro de la vida, y confesaré su nombre delante de mi Padre, y delante de sus ángeles”.

¿Qué nombre es el que confesará el Señor delante de su Padre? Es claro que aquel que está inscrito en el libro de la vida. Es en este libro donde se encuentra el registro de todos los fieles (Heb.12:23). Son los nombres de aquellos quienes hayan vencido la batalla. De aquellos quienes acabaron la carrera como fieles discípulos.

La obediencia al evangelio para ser salvos permite que nuestros nombres comiencen a figurar en el registro de Dios en el cielo (Mr.16:16). Lo maravilloso del texto es que Jesús promete confesar el “nombre de ellos” ante el Padre. Jesús ya había realizado esta misma promesa cuando estuvo en la tierra (Mt.10:32-33). ¡Es claro que al confesar el nombre de cada uno en los cielos, todos podremos reconocernos, aunque entiendo que estos nombres es en un sentido honorifico!

Se manifiesta también que los nombres propios que tenemos aquí en la tierra no puede ser posible que lo tengamos en aquella dimensión espiritual. No se puede afirmar a ciencia cierta que en el cielo nos llamaremos con nuestros nombres propios, pero lo que si podemos decir es que los nombres propios aun continuaron vigente después de esta vida terrenal.

Lc.16:19-31 nos presenta el caso de el Rico y Lázaro. Ambos murieron y sus cuerpos fueron sepultados (v.22). Sin embargo, ellos continuaban vivos en el Hades, pero esta vez en una forma espiritual. El v.23 vemos que sus nombres aún tenían vigencia después de haber muerto: “Y en el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno”.

Mat.17:1-13 tenemos el relato de la transfiguración del Señor. Jesús en compañía de Pedro, Jacobo y Juan subieron a un monte alto. Y cuando el Señor fue transfigurado mostrando un rostro resplandeciente como el sol, de repente se aparecieron delante de ellos “Moisés y Elías”. ¡Ellos fueron reconocidos por sus nombres! (v.3).

Aunque podemos ver algunos otros ejemplos, estos han servido para darnos cuenta que aún en lo espiritual podemos seguir siendo identificados por nuestros mismos nombres que teníamos mientras habitábamos corporalmente en este planeta.

Heb.12:22-23 es un pasaje que nos proporciona mejor claridad de lo que aquí estamos considerando, pues, dice: “sino que os habéis acercado al monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de mucho de millares de ángeles, a la congregación de los primogénitos que están inscriptos en los cielos, a Dios el juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos…”

Aquí se nos habla de la ciudad de Dios. La Jerusalén celestial donde solo moran los fieles en comunión cercana con el Creador. Es interesante notar la frase “a la compañía”. ¿A la compañía de quien o de quienes? Claramente el texto nos dice que estaremos en compañía de “ángeles”; “los primogénitos”; de “Dios” – de los “justos”; y de “Jesús” (v.24).

El hecho de encontrarnos en “compañía” de los que aquí se nombran, es una evidencia que nos declara que tendremos la oportunidad de reconocer, no solamente a la Deidad allí reunida junto a sus seres espirituales, sino también todos aquellos fieles profetas, sacerdotes y demás como los apóstoles y discípulos fieles que entregaron hasta sus propias vidas por causa del evangelio (2 Tim.4:6-8).

Así como en el hades nos conoceremos los unos con los otros; ¿Por qué razón debería ser diferente en el cielo? ¿Cómo podríamos sentir el regocijo si no podemos reconocernos que fuimos parte de la salvación?

¡El cielo es una recompensa que será otorgada a los fieles, y tales fieles necesitan estar consientes de lo que han ganado por su fidelidad, “…porque sus obras con ellos siguen” (Apc.14:13).

Conclusión

Pensar en el cielo es pensar en lo que es divino. Es disfrutar realmente de aquella esperanza puesta en las promesas de nuestro Señor donde descansaremos de nuestras vidas fatigadas por el trabajo y el dolor.

Pensar en el cielo es pensar en la nueva Jerusalén donde los moradores seremos transformados en gloria para habitar por toda la eternidad con todos los fieles, los ángeles y la Deidad para cantar y glorificar a nuestro Dios.

Pensar en el cielo es unirnos al apóstol Pablo y tener el “deseo de partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor” (Fil.1:23).

David Rodríguez

Evangelista.