No se trata de nosotros, sino de Dios.

No se trata de nosotros, sino de Dios.

4 de febrero de 2021 0 Por volviendoalabiblia.org

Desde muy pequeños se nos pregunta sobre nuestro futuro: ¿Qué quieres ser cuando seas mayor? Y se nos dice que el propósito de la vida es ser felices; toda gira en torno a “nosotros”, es decir, se nos va adoctrinando en cuanto a lo que nos gusta, a lo que queremos; en otras palabras, en el yo, yo, yo o el mí, mi, mi. Es por esto que vemos a los niños que cuando comienzan a decir sus primeras palabras, una que los acompaña por todo el resto de su vida es, “mío”. Y nosotros los adultos, sin darnos cuenta, alimentamos en el niño esa actitud de creer que son el centro del universo, que todo gira alrededor de él; todo lo cual, es lo que hicieron nuestros padres con nosotros también.

Lo anterior no anula la libertad humana de decidir y desear cosas. El asunto es que nos hemos concentrado demasiado en nosotros mismos, alimentando nuestro ego.

Es por esta razón que vemos a tantas personas queriendo hacerse ricos a costa de lo que sea y muchos caen también en trampas de engañadores. Vemos también a tantos tratando de llamar la atención en las redes sociales y a muchos otros que, en cuanto a lo religioso, no miran lo que Dios aprueba y le agrada; más bien, buscan adorar como a ellos les gusta y como ellos quieren. También vemos uno que otro creyente que cree que son los únicos que necesitan apoyo y ayuda, y se sienten defraudados si tal hermano no lo visitó o no estuvo disponible por razones que se salen de sus manos.

Déjeme decirle que, esto no anula la responsabilidad de cada ser humano y de cada cristiano, en especial de brindar afecto, apoyo, comprensión y atención a los demás. El asunto es que hemos olvidado que la vida no se trata de nosotros, sino de Dios.

Se trata de Dios porque Él es el creador, el dador de la vida. Ha sido Dios el autor de la vida y de todo lo que existe. “En el principio creó Dios los cielos y la tierra” (Genesis 1:1). Pero no solo eso, también nos hizo y a su imagen: Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.” (Genesis 1:26-27).

Nuestras vidas están en sus manos. Así lo expresa Job: “En su mano está el alma de todo viviente, Y el hálito de todo el género humano” (Job 12:10). En otras palabras, nosotros no somos el centro del universo, ni Dios es invención humana como algunos piensan.

Se trata de Dios porque Cristo es el eje central de todo lo que existe. No solo ha creado todo, también ha sido él la razón de todo, Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén.” (Romanos 11:36). Y él mismo lo sostiene, lo preserva; porque “él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten” (Colosenses 1:17).

Nuestras vidas le pertenecen y somos para su gloria, por eso debemos buscar que él sea glorificado en vez de estar creyéndonos el centro. Pablo dijo, “vuestra vida está escondida con Cristo en Dios.” (Colosenses 3:3b), y él quiere que nuestras vidas sean un reflejo de él mismo; “Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.” (2 Corintios 3:18).

Se trata de él porque en su inmenso amor hizo la obra más maravillosa por nosotros. Dice Juan que el verdadero amor es el que Dios tuvo hacia ti y hacia mí. “En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados.” (1 Juan 4:9,10).

Solo por su inmenso amor hay oportunidad de llegar al cielo, no por tu belleza o tus dones, o por tu inteligencia; no, no, no, no se trata de ti; se trata de él, que tiene amor para compartir contigo y conmigo, al grado que decidió llamarnos con voz tierna y dulce, para darnos la vida que él quiere, vida eterna. Pues “aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos)” (Efesios 2:5). Para esto Jesús vino a este mundo, “yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” (Juan 10:10b)

Conclusión. Es hora de cambiar la programación equivocada que tenemos en nuestras mentes, es hora de desaprender eso tan dañino que aprendimos en el pasado que Pedro llama, “vana manera de vivir” (1 Pedro 1:18). Es hora de ver la maravillosa obra de Dios al hacernos a su imagen y al enviar a Jesús para darnos una vida mejor con él. Así que, la vida no se trata de nosotros. Se trata de él; por tanto, echemos a un lado el “yo”, pensemos menos en nosotros y pensemos más en él, acerquémonos a él con un corazón arrepentido.

Luis Alberto Feliz Pache.

Evangelista.