¿Cómo conservar nuestra salvación?

¿Cómo conservar nuestra salvación?

10 de febrero de 2021 0 Por volviendoalabiblia.org

Hebreos 2.1-3: «Por tanto, es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos. 2- Porque si la palabra dicha por medio de los ángeles fue firme, y toda transgresión y desobediencia recibió justa retribución, 3- ¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? La cual, habiendo sido anunciada primeramente por el Señor, nos fue confirmada por los que oyeron»

Introducción:

I. Todo el que se ha arrepentido y obedecido el evangelio, siendo bautizado para el perdón de sus pecados, ha sido salvo de la condenación (cf. 16.16). No obstante, es importante que comprendamos que la salvación es un regalo que el cristiano debe conservar hasta el fin de sus días.

II. El tema de «¿cómo conservar nuestra salvación?» debe interesarnos a todos, pues la verdad es que para ser salvos no basta con tan sólo haber obedecido los pasos que nos llevaron a la conversión en el bautismo. Algunos enseñan y creen que el cristiano no puede caer de la gracia y que no puede perder la salvación; pero esa doctrina está absolutamente en contra de lo revelado en las Sagradas Escrituras:

2 Ped. 2.20: «Ciertamente, si habiéndose ellos escapado de las contaminaciones del mundo, por el conocimiento del Señor y Salvador Jesucristo, enredándose otra vez en ellas son vencidos, su postrer estado viene a ser peor que el primero«

III. También Pablo dice en la carta a los corintios: «…el que piensa estar firme, mire que no caiga» (cf. 1 Cor. 10:12). Entonces hermanos, en vista de que el pecado, aparte de que causa grandes estragos en la vida espiritual del creyente, nos aparta de la salvación otorgada por el Señor el día de nuestra conversión, se hace indispensable que consideremos algunas cosas que nos ayudarán a conservar nuestra salvación.

I. Lee y estudia constantemente la palabra de Dios:

I. Este es el primer consejo que un verdadero hijo de Dios, interesado por conservar su salvación no puede dejar de cumplir. Pablo dijo «…la fe viene por el oír, y el oír por la palabra de Dios (cf. 10.17). Además, el estudio y lectura constante de las Escrituras no sólo nos ayudan a conservar la salvación, sino que también añaden más bendiciones y cosas provechosas para la vida en Cristo, por ejemplo, la adquisición de conocimiento de las Escrituras; ¡esa es una muy buena bendición!, la madurez que logramos en la medida que vamos conociendo más de su voluntad, esas cosas son las que nos permiten luego distinguir bien entre la verdad y el error, entre lo bueno y lo malo, de modo que difícilmente caeremos de nuestra salvación:

Heb. 5.13-14: «Y todo aquel que participa de la leche es inexperto en la palabra de justicia, porque es niño; 14- pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal«

II. Debemos comprender que así como mi fe inicial en Jesús vino por la palabra de Dios, mi fe actual seguirá aumentando por la misma Palabra, y esto se logra siempre y cuando la estudiemos continuamente.

III. Pero tristemente, muchos cristianos son de los que se suelen alejar de la práctica de leer constantemente la Biblia; son capaces de pasar largos periodos de tiempo sin leer la Biblia en privado, limitados a escucharla sólo durante las reuniones de la iglesia. Esa actitud es dañina para el alma porque logra que la fe se debilite posiblemente hasta apagarse.

IV. Además, la falta de estudio de la Biblia lo que hace es que quedemos expuestos a cualquier falso maestro que quiera zarandearnos. Es un peligro para nuestra salvación el no leer la Biblia constantemente.

II. Asóciate mucho más con hermanos fieles:

I. Otra forma en que podemos conservar nuestra salvación es siendo cuidadosos a la hora de elegir a las personas que les pensamos ofrecer una amistad estrecha. Elegir nuestras amistades es cosa de suma importancia para nuestra salvación:

Prov.1.10-15: «Hijo mío, si los pecadores te quisieren engañar, no consientas. 11- Si dijeren: ven con nosotros; pongamos asechanzas para derramar sangre, acechemos sin motivo al inocente; 12- Los tragaremos vivos como el Seol, y enteros, como los que caen en un abismo; 13- Hallaremos riquezas de toda clase, llenaremos nuestras casas de despojos; 14- Echa tu suerte entre nosotros; tengamos todos una bolsa. 15- Hijo mío, no andes en camino con ellos. Aparta tu pie de sus veredas»

II. Un hijo de Dios, que anhele conservar su salvación, hará todo lo posible por asociarse con hermanos fieles, y hará todo lo posible por evitar estar en íntima amistad con personas muy mundanas que le inciten a pecar o a ofender a Dios.

Prov. 4.14-16: «No entres por la vereda de los impíos, ni vayas por el camino de los malos. 15- Déjala, no pases por ella; apártate de ella, pasa. 16- Porque no duermen ellos si no han hecho mal, y pierden el sueño si no han hecho caer a alguno«

III. Atiende la amonestación:

I. No estamos exentos de fallar o tropezar en algún error, por más tiempo que llevemos de cristianos. Un hijo de Dios que añora conservar su salvación hasta el fin, atiende las amonestaciones que hermanos maduros o con la razón de su parte le hacen. Y es que una de las tareas que Dios nos ha puesto como hermanos es que velemos por el bienestar espiritual de los demás, y nos amonestemos los unos a los otros. A veces uno no es consciente de sus propios errores, de manera que una amonestación no caería mal para despertarnos de un estado de adormecimiento espiritual o de conciencia. Pedro decía:

2 Ped. 1.13: «Pues tengo por justo, en tanto que estoy en este cuerpo, el despertaros con amonestación«

II. La amonestación es una herramienta útil para conservar nuestra salvación, pero más que dedicarnos a hacerlas, mejor es aprender a atenderlas. Muchos cristianos son orgullosos y tienen tan alto concepto de sí mismos que no aceptan de ninguna manera las amonestaciones que otros hermanos les hacen. Tales hermanos están en un terrible peligro de perder su salvación, porque se cierran a sí mismos las puertas de la restauración espiritual que se logra cuando atendemos los llamados de atención que se nos hace:

Stg. 5.19-20: «Hermanos, si alguno de entre vosotros se ha extraviado de la verdad, y alguno le hace volver, 20- sepa que el que haga volver al pecador del error de su camino, salvará de muerte un alma, y cubrirá multitud de pecados»

III. Un consejo hermano u hermana inflada de orgullo, bájale al orgullo, atiende la amonestación, es por tu propio bien. Necesitamos llegar a ese grado de madurez en donde recibimos con agrado la amonestación, llamado de atención, crítica constructiva o consejo de un buen hermano. Debemos comprender que la amonestación Dios la dispuso para nuestro propio bien, el salmista dijo:

Sal. 141.5: «Que el justo me castigue, será un favor, y que me reprenda será un excelente bálsamo que no me herirá la cabeza»

IV. Asiste cumplidamente a las reuniones cristianas: 

I. Congregarnos nos estimula más y más a llevar bien nuestra vida en Cristo, y adicionalmente es una poderosa barrera de protección para nuestra salvación. De hecho, si observamos bien, cuando estamos congregados llevamos a cabo en ese sólo instante, todas las recomendaciones que he dado anteriormente:

  1. Congregados leemos y estudiamos la Palabra.
  2. Congregados nos asociamos con hermanos fieles.
  3. Congregados atendemos la amonestación de quien predica.

II. Pero el que no se esfuerza por cumplir en lo poco, difícilmente conservará su salvación. En la carta a los hebreos se nos dice que cuando los cristianos nos congregamos, no sólo nuestro amor y buenas obras aumentan, sino que logramos mantenernos firmes y sin fluctuar, con miras a la esperanza del cielo:

Heb. 10.23-25: «Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió. 24- Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; 25- no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca»

V. Ora a Diario:

I. Daniel fue puesto a prueba en el reino de Medo Persia, los sátrapas y gobernadores del reino le buscaron la caída, le pusieron trampa, y la amenaza que tuvo que afrontar fue el ser arrojado a los fosos de los leones para que lo devoraran; ¿saben que mantuvo a Daniel firme en esos momentos tan terribles para su vida?, ¡la oración!:

Dan. 6.10-11: «Cuando Daniel supo que el edicto había sido firmado, entró en su casa, y abiertas las ventanas de su cámara que daban hacia Jerusalén, se arrodillaba tres veces al día, y oraba y daba gracias delante de su Dios, como lo solía hacer antes. 11- Entonces se juntaron aquellos hombres, y hallaron a Daniel orando y rogando en presencia de su Dios»

II. Hermanos, la oración diaria y constante es una herramienta poderosa en cuanto a la conservación de nuestra salvación. La oración fortaleció a Daniel en medio de las pruebas, no lo hizo sucumbir, la oración nos conecta con nuestro Creador, la oración es el medio por el cual los cristianos somos restaurados con Dios en caso que hallamos fallado; Dios no perdonará nuestras faltas a menos que hagamos oración de arrepentimiento ante él, y de hecho, es tan poderosa la oración, que por ella otros hermanos que andan mal, pueden ser igualmente restaurados a la comunión con Dios. No se equivocó Jacobo cuando dijo:

Stg. 5.16: «Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho«

III. En el Nuevo Testamento podemos ver cuán relacionadas están «la oración» con «la perseverancia»; pareciera que sin ella no se perseverara, y esto dice mucho para el tema que estamos estudiando: «conservar nuestra salvación». Pablo dijo que con la oración es que velamos los cristianos por nuestra salvación:

Col. 4.2: «Perseverad en la oración, velando en ella con acción de gracias»

Conclusión:

I. Hermanos, hemos llegado a la parte final de nuestro estudio, y recuerde, nuestra salvación se puede perder, de manera pues que hay que conservarla, hay que luchar para que permanezca intacta, y hoy hemos visto cinco cosas necesarias que nos ayudarán a conservarla: 1) la lectura de la Biblia, 2) el asociarnos con hermanos fieles, 3) atender la amonestación, 4) asistir fiel a las reuniones de la iglesia, y 5) ora a diario. Puede que haya otra cosa por agregar a esta lección, pero considero que estos 5 pasos nos serán de gran ayuda si deseamos conservar nuestra salvación.

German Centeno.

Evangelista.