¿La dispensación del Espíritu Santo?

¿La dispensación del Espíritu Santo?

26 de noviembre de 2021 0 Por volviendoalabiblia.org

La obra del Espíritu Santo en la vida de la iglesia y de cada cristiano es de suma importancia. Nadie haría lo correcto minimizando su trabajo en el plan de Dios. Sin embargo, no son pocos los que están siendo desviados por diversas enseñanzas incorrectas acerca del Espíritu Santo. Por eso, es de suma importancia que aprendamos y aceptemos lo que la Biblia dice sobre su obra.

Los diversos movimientos pentecostales o carismáticos, han elevado al Espíritu Santo a una posición que está incluso por encima del mismo Señor Jesucristo. Lo interesante de esto, es que Jesús es la persona exaltada por Dios mismo, y a pesar de eso, las diversas ideas carismáticas siguen enfatizando sobre el Espíritu Santo un lugar y una función desconocida en el Nuevo Testamento. Si volvemos a las Escrituras, nos damos cuenta de que, por ejemplo, el Espíritu Santo nunca fue considerado como la fuente de la verdad. Nuestro Señor Jesucristo dijo, Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir (Juan 16:13). Como vemos, fue posible que los apóstoles y profetas hablaran y escribieran acerca de la verdad, por medio de la obra del Espíritu Santo que hizo llegar dicha verdad para que ellos la hablaran y la escribieran para nosotros. Pero, el Espíritu Santo mismo no es la fuente de la verdad, sino el medio para que llegara al hombre. Esto lo corroboró el apóstol Pablo, cuando declaró, que por revelación me fue declarado el misterio, como antes lo he escrito brevemente, leyendo lo cual podéis entender cuál sea mi conocimiento en el misterio de Cristo (Efesios 3:3-4). También el apóstol Pedro así lo formuló, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo (2 Pedro 1:21). Nuestros conocimientos acerca del ministerio y obra de Cristo, no vino a nosotros por medio de un susurro que el Espíritu Santo hiciera en nuestros oídos durante la noche en medio de un momento de oración. Nuestro conocimiento de las cosas espirituales no proviene de la obra directa del Espíritu Santo sobre nuestras vidas, sino por la lectura de las palabras que el Espíritu Santo reveló a los santos hombres de Dios en el Nuevo Testamento.

Tenga en cuenta también que la venida del Espíritu nunca tuvo la intención de promocionarse a sí mismo. Jesús también dijo: “Él me glorificará” (Juan 16:14). Sin embargo, muchos en nuestros días, en sus enseñanzas en la televisión y en los libros que venden, exaltan el Espíritu Santo y su obra muy por encima de Jesús y su obra. Se dice que no es suficiente tener al Salvador del mundo en nuestro corazón. Es más, se afirma categóricamente que nos lo hemos perdido todo sin una relación íntima con el Espíritu Santos. Han relegado a Jesús a un lugar secundario y han exaltado al Espíritu muy por encima de Él. En contraste, y hablando sobre Jesús, la Biblia declara que “Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre” (Filipenses 2:9). En Efesios 1:22, también sobre Cristo, leemos que Dios “sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia”. La posición de Cristo es exaltada una y otra, y otra vez en las páginas del Nuevo Testamento. Pablo dijo que “en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten” (Colosenses 1:16-18). Cuando resucitó de los muertos, el Señor Jesús dijo, “Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra” (Mateo 28:18).

La verdad es obvia, ¿no es así? No vivimos en la “dispensación del Espíritu Santo”. Más bien, estamos viviendo en la era en la que el Espíritu Santo mismo reveló que debemos recibir, confesar, servir y honrar a Jesús, el Hijo del Dios viviente.

Lorenzo Luévano Salas.

Evangelista.