Examinaos a vosotros mismos

Examinaos a vosotros mismos

2 de abril de 2021 1 Por volviendoalabiblia.org

«Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros, a menos que estéis reprobados?»

2 Corintios 13:5

  1. El pasaje claramente dice que para saber si estamos en la fe debemos examinarnos a nosotros mismos, sin embargo, no podemos examinarnos «a nosotros mismos» a la luz de nuestras conciencias, o según lo que nuestros pensamientos nos digan, o según lo que imaginemos de nosotros mismos. ¡Nosotros tenemos que examinar nuestra fe a la luz del evangelio!.
  2. Una persona egocéntrica, orgullosa, altiva, por más que se examine bajo su propia opinión no encontrará en sí mismo error alguno. Observemos lo que dice la Biblia al respecto:

Sal. 19:12-13: ¿Quién podrá entender sus propios errores? Líbrame de los que me son ocultos. 13- Preserva también a tu siervo de las soberbias; que no se enseñoreen de mí; entonces seré íntegro, y estaré limpio de gran rebelión»

III. Estar en la fe es estar bajo la cobertura del evangelio, de la gracia de Dios, de la salvación que Dios ofrece. Si observamos bien el texto, además de pedirnos que nos examinemos a nosotros mismos si estamos en la fe, seguidamente nos cuestiona diciendo: «¿o no os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros…?». Así pues, estar en la fe significa gozar de la presencia de Jesucristo en nuestras vidas, es decir, gozar de sus atributos morales y de abundar tanto en conocimiento como en práctica, de sus enseñanzas.

  1. Merece aclararse aquí que cuando me refiero a «la presencia de Cristo» en nuestras vidas, el «Jesucristo estar en nosotros», no es una frase que tenga que significar, como muchos creen, en una especie posesión de nuestros cuerpos por el espíritu de Cristo, o de algo sobrenatural ocurriendo en nosotros, sino que el texto habla metonímicamente, o sea, al hablar de Cristo morando en nosotros, el escritor se refirió al carácter y pureza de Cristo como sello distintivo para los cristianos, el evangelio nos arroja toda la información sobre el carácter de Cristo, sus atributos morales, sus enseñanzas, y al esforzarnos nosotros por adoptar ese carácter, esos mismos atributos, y practicar lo que él enseñó, entonces eso equivale a que «Cristo mora en nosotros». ¡Eso es lo que pide Pablo en esta carta, que nos examinemos a nosotros mismos para saber si ya gozamos o poseemos de tales atributos morales, si ya su carácter santo se ha formado en nosotros, de manera que repliquemos a Cristo por medio de nuestra conducta!, hay que examinarnos constantemente en ello, mirar que tanto he madurado en Cristo.
  2. Así que la soberbia, el orgullo, el tener más alto concepto de sí, el egocentrismo, son problemas para el cristiano porque impedirán hacer una correcta examinación de su propia vida y grado de crecimiento y madures en el Señor. Para ilustrarlo quiero referirme a la historia de una hermana, la cual oí mucho tiempo, y que me parece, es bastante apropiada para esta reflexión.

UNA HISTORIA PARA REFLEXIONAR

  1. Dicen que sucedió, en una congregación, y que allí el predicador estaba muy incómodo con la costumbre de cierta hermana, que siempre al final de cada servicio, iba a felicitarlo por el sermón, diciéndole algo más o menos así: «Excelente mensaje hermano, justo lo que necesitaban oír los hermanos Martínez». Y así sucedía cada domingo al finalizar el servicio de adoración, iba hacia él y le decía: «que buen mensaje te has acabado de exponer hermano, solo espero que los hermanos Pérez sean compungidos y que lo hayan entendido». Y así cada vez lo solía hacer esta hermana…
  2. A raíz de ello, el predicador se esforzó para que esta hermana tomara los mensajes para sí, para que se examinara ella misma, y que se percatara que sus predicaciones la involucraban también a ella; pero siempre que terminaba la reunión sucedía lo mismo, ella siempre los aplicaba a otros. Hasta que un día, después de mucho pensar, el predicador fue a la casa de esta hermana porque habían acordado un estudio con ella y su familia en su casa, y expuso un mensaje al que tituló: «no miremos tanto los errores de los demás, comencemos primero por los nuestros», esto hizo aquel predicador como un esfuerzo por llegarle al corazón de la hermana e incentivarla a que dejara esa conducta de superioridad.

III. Al exponer el mensaje, el predicador notó que esta hermana, además de estar muy concentrada en sus palabras, de vez en cuando durante dicha reunión movía la cabeza en señal de tristeza, ¡parecía incluso que iba a llorar!; y al terminar el mensaje, el predicador vio que la hermana tenía mucha tristeza y veía preocupación en su rostro, y pensó el predicador: «gracias Dios, realmente le llegó el mensaje a su corazón, esta vez no tendrá escapatoria», y luego le preguntó a la hermana, dado que ella siempre que él terminaba un mensaje, pasaba a felicitarlo y a hacer sus acostumbrados reproches, le dijo: «hermana ¿qué te pareció el mensaje de hoy?», ella, con mucha tristeza le respondió: «Excelente hermano, el mejor mensaje que he oído de tu parte, pero estoy triste, muy triste porque por haber enseñado tú esa lección en mi casa y no el domingo con la iglesia, ¡no la pudieron oír ni los Hernández, ni los López, ni los Martínez, ni los Pérez, y a todos ellos sí que les hace falta!».

CONCLUSIÓN

  1. ¡Así son muchos cristianos hoy día!, todas las predicaciones las aplican a otros, mantienen pendientes de a quien le cayó el mensaje, pero nunca se examinan a sí mismos. Sin embargo, recordemos nuestro texto del principio:

2 Corintios 13:5: «Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros, a menos que estéis reprobados?»

  1. Todos debemos esforzarnos, primeramente, por nuestra propia salvación. No debemos estar pendientes de los demás si no hemos podido cambiar nosotros mismos. Para finalizar diré que a nuestro Señor Jesucristo no le agrada el cristiano que mantiene pendiente de los errores de los demás, pero que nunca se esfuerza por examinarse a sí mismo:

Mateo 7.1-5: «No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido. ¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo?¿O cómo dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo? ¡Hipócrita! Saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano»

Germán Centeno A.

Evangelista de la Iglesia de Cristo en la Dorada Caldas.